(Probablemente se llamará Mil y Una Noches)
(Ni idea de adonde va esto, lo empecé justo cuando estaba viendo la primera temporada y luego lo abandoné y ahora estoy [intentando] volver a escribirlo, así que que dios me ayude)
(Si a alguien le gustaría ser beta para eso, solo decirme, me quedaré muy agradecido)
i
“You can’t hold on to my heart”
Era lo que decía la canción que oía Luka cuando, caminando por los pasillos de la escuela, vio a Esteban a una distancia. Luka no fue el único que vio a Esteban. Parecía que toda la escuela tenía sus ojos sobre Esteban a cada segundo. Y eso estaba resultando insoportable a Luka.
¡Maldito pendejo, boludo! Pensó Luka volviéndose y siguiendo en otra dirección. Donde estuviera Esteban, estarían también tres o cuatro chicas mirándolo con el deseo dibujado en sus frentes. Ellas ni siquiera lo intentaban disfrazar, la verdad, se les notaba.
Lo que era peor, Esteban se fingía el ciego y actuaba como si no percibiera que todas las chicas a su alrededor lo querían coger. Luka preferiría que él lo asumiera y actuase como un pelotudo, porque así Luka se sentiría mejor pensando “Pendejo jodido, boludo de mierda, ¡que se joda!” Pero se sentía peor haciéndolo.
De todas maneras, Luka tenía suficiente con qué preocuparse, al final estaba en una escuela, ¿no?. Tenía actividades, evaluaciones, todo eso que hacer. No que Luka fuera el alumno más dedicado y preocupado con eso, pero tener a todos los profes –más su padre– en su oído todo el tiempo llamándole la atención para la importancia de los estudios y todo eso era un aburrimiento a veces más grande que el aburrimiento de coger un libro y estudiar.
Además cuanto menos motivos Luka le diese a su padre para que le llamara a hablarle cualquier mierda sobre cómo le ha dado todo solo para que Luka se la cague vez y vez de nuevo y blá, blá, blá, blá, mejor.
Por encima de eso había el concurso de bandas, por supuesto, cosa que sí interesaba a Luka. Y mucho. Pero la cual, interesante o no, no dejaba de ser cansativa.
Y había otra cosa, que le costaba a Luka un tanto más en admitir que las demás – incluso más que admitir que sí le importaban las mierdas que le decía su padre. Por supuesto, Luka no era ningún súper genio a quien todos los temas de todas las asignaturas le salían superfácil y a quien no le hacía falta estudiar. Tenía sus dificultades, como todos. Pero, a diferencia de la mayoría, no tenía quien le ayudara.
Siempre con su armadura, sus miles de camadas de protección contra el mundo y contra todas las personas, nunca dejaba que nadie se acercara demasiado. Y la verdad era que eso le resultaba bastante solitario. No tenía amigos – ya está. No tenía compañeros, colegas, gente a quien pudiese casualmente llamar y decir “Oye, ¿me explicá eso aquí, que no he entendido ni un carajo en clase hoy?”. Y –la verdad– eso también era cansativo.
Y como al destino nunca le basta la ironía, resultaba que en lugar de dormir como una piedra, como esperado después de un día cansativo (especialmente se todos los días son cansativos), Luka se quedaba volviendo para un lado y para otro sin conseguir cerrar los ojos. Cuando lo lograba, no era por más que un par de horas a la vez. Así pasaba prácticamente todas las noches.
Sin lograr dormir, no tardaba mucho antes de abrir los ojos y encarar el techo; encarando el techo no tardaba mucho antes de ponerse a mirar alrededor de la habitación dividida. Mirando la habitación, no tardaba mucho antes de que su mirada se cayera sobre uno de sus compañeros de habitación.
Dormía siempre tan tranquilo – Luka se preguntaba si su sueño realmente lo era. O si habría sueños inquietantes pasando en su mente. No era posible que fuera el chico perfecto que aparentaba. El chico que a todos les gustaba, el chico que iba bien en las clases, aunque Luka nunca lo viera estudiando ni una sola vez. El chico que tenía una voz increíble, la cual Luka estaba determinado a nunca permitirse elogiar.
Esteban.
ii
“¿Y vos qué querés ahora?”
Luka estaba sentado en la nieve mirando las montañas lejanas cuando percibió la figura alta acercándose. Estando solo, no tuvo porqué importarse con las lágrimas que se le mojaban las mejillas. Ahora prefería no saber en qué estado estaba su apariencia después de haber llorado por unos buenos veinte minutos. Lo que no esperaba era que justo este desgraciado aparecería para verlo en este estado.
“Tanto realmente me extrañas que no puedes dejarme en paz nunca?” Luka dijo, un poco más ríspido que era su intención, la verdad.
“Te vine a buscar para que no te quedaras perdido en la nieve. Ya estamos volviendo,” Esteban dijo simplemente. Parado ahí patéticamente. Los brazos caídos patéticamente a los lados de su cuerpo patético, su expresión patética mostrando un patético nada, contento con solamente mirar a Luka en toda la inconveniencia de hacer compañía a alguién que claramente no quiere estar acompañado.
Y ahí parado cruelmente recusando darle descanso a Luka. Parado solamente, ni mención de las lágrimas, del lloro. Luka deseó que le dijera algo, que hiciera una broma, o le lanzara un insulto, o lo que fuera. Address the fucking elephant in the room, pendejo de mierda. Me estás viendo, he estado llorando, señálalo de una vez y ya está, burlate de mí y déjame en paz.
Pero no hubo burla. Ni insulto. Ni cualquier broma. La verdad, no hubo ningún comentario o reacción en absoluto.
Me cago en la p–.
“¿Te pasa algo?” Dijo por fin. Su tono de voz un poco más bajo de lo que solía tener al hablar a Luka.
Durante algunos segundos Luka no supo qué responder. ¿Qué tipo de pregunta era esa? Luka realmente creyó que la relación que había entre los dos ya estaba desde hace mucho tiempo más allá de estas conversacionecitas de elevador de mierda sobre el tiempo o el calor o de preguntas del tipo ¿Cómo estás? o ¿Te pasa algo?. Pero ahí había algo. No era tanto una pregunta como era una… ¿invitación? Una invitación para que Luka le hablara. Le contara qué le pasaba.
Y al fin y al cabo, ¿por qué mentir? Sí, hay algo. Pasa algo. ¿Qué motivo tenía Luka para mentir y decirle que no?
“Sí, me pasa algo. Pero no pienso decírtelo, así que–” hizo señales con las manos para que Esteban se fuera “–ya puedes irte yendo.”
Pero Esteban no se fue. Por lo menos no de inmediato. Y luego hubo un mínimo movimiento de su cuerpo como si se fuera. Pero no. Volvió a la misma posición, mirando a Luka desde arriba.
“Qué? Sácame una foto, te durará por más ti–”
“Luka, puedes desahogarte conmigo,” Esteban dijo súbitamente. “Si quieres.”
Luka furtivamente miró el rostro de la alta figura que estaba ahí, de pie, parada, lanzándole una sombra encima. Todavía no había tono de burlarse. Volvió a mirar las montañas. “No comprenderías,” dijo finalmente.
Por fin, desde que toda esta inquietante y rarísima interacción empezó, Luka percibió movimiento en Esteban. No estaba más de pie. Se había sentado a su lado. “Inténtalo.”
Luka lo miró. Su boca empezó, pero falló en hablar algo. La cerró. Volvió a mirar a los lejos. Miró hacia el suelo. Hacia sus manos. Ni modo – volvió a mirar a las montañas y había decisión en su semblante.
“Lo que me digas aquí,” Esteban dijo, “no lo diré a nadie. No lo voy a repetir a nadie.”
Luka no tenía motivos para tenerle confianza. Pero tampoco tenía motivos para no fiarse de las palabras de su insoportable irritante archienemigo compañero de cuarto y de banda.
“Es mi padre.” Y le contó toda la historia.